¿Será posible tanta felicidad que escape por nuestros ojos en forma de lágrimas?, ¿Puede el símbolo de la tristeza, paradojicamente convertirse en el símbolo de nuestra felicidad?
Pensar en esto me entusiasma, de alguna forma es como si nos burláramos de ella, de la tristeza; de pronto me imagino a la Felicidad decirle a la Tristeza:
-¡Ey! ¡Mira! no has podido conmigo hoy. ¿Ves esto que corre por mis mejillas como dos rocíos? ¡Son lágrimas!, lágrimas de alegría, porque hoy me hice una promesa; me prometí que no robarías mis suspiros. ¿Y Sabes?, lo he logrado; me he prometido mirar la vida con ojos de esperanza; mirar el anochecer no como el final de una oportunidad, si no como el principio de un camino mejor. ¡Mírame hoy, me he robado tus lágrimas y las he enseñado a sonreír!
Que lindo sería que todos nos burláramos al mismo tiempo, que lindo ver a todo el mundo feliz, suena a pretensión, pero no lo es; es la naturaleza humana que nos lleva de la mano y a través de nuestros sentidos nos revela las maravillas del mundo.
Si pensamos que solo existe una vida, no podemos pretender que sea toda ella un camino de espinas, bajo esa premisa se convierte en una obligación; la obligación de nuestro espíritu, de convertirnos en un Ser feliz, feliz incluso en nuestros sueños. Y si hubiera una vida después de la muerte, no podría ser pretensión ni utopía; es una exigencia per ser.
Lo increíble de mi sueño es que es perfecto; no tengo que esperar para mirar un mundo así, no tengo que imaginar un mundo donde todos lloren de felicidad, basta con mirarlo una vez y pensar que lloran porque somos todos felices.
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