Hay veces que la vida te sorprende con hermosas coincidencias y esto es precisamente lo que me ocurrió a mí y a 9 almas en una increíble tarde de Agosto. Corría el año de 2007 en la ciudad de Minatitlán, los corazones de una generación de alumnos galopaban entusiasmados, con ilusión y añoranza del futuro que se veía venir con promesas de grandeza. Pues bien, así fue; ese futuro se dejó llegar más rápido de lo que hubiera deseado y en un segundo ya estaba aquí con dulces recuerdos y promesas de un mañana incierto.
En realidad no sé cómo fue, no sé quién hizo la primera conexión, solo sé que compartíamos el salón de clases y que al terminar la jornada del colegio todos caminábamos hacia el mismo lugar para tomar el vehículo que nos llevaría a casa. Y es que sin saberlo, habíamos vivido siempre en la misma ciudad y ninguno era consciente de ello.
Al principio no fue apropósito, de hecho, algunos se adelantaban, y otros nos quedábamos atrás, pero al final siempre terminábamos compartiendo el mismo autobús de regreso a casa. Posteriormente ya no hubo más casualidades, pues resultaba lógico que si todos íbamos al mismo lugar; bien podíamos hacernos compañía en el camino.
Fue así como nos convertimos en un grupo de personas caminando siempre juntas hacia el mismo destino; Coatzacoalcos. No fue raro que enseguida nos ganáramos el apodo de los “Coatzaboys”. Debo confesar que lejos de molestarnos, siempre nos gustó este concepto, aunque puede que sea una opinión muy personal, por sentirme parte de algo importante; no lo sé, lo que sí sé, es que nunca nos quejamos, parecía en realidad un motivo agradable de distinción y de manada.
Posteriormente no solo compartimos el autobús, también las comidas, las tareas, el cine y hasta las chucherías que comprábamos. Poco a poco fuimos conociéndonos más, de tal forma que nos confiábamos hasta aquellos secretos que no quieres compartir con nadie, así éramos nosotros, sinvergüenzas, divertidos, ligeros y con la fuerza de voluntad para afrontar las exigencias de nuestra profesión.
No era raro vernos cabecear en el autobús después de un examen, después de los desvelos de una clase normal, o después de una jornada agotadora en el hospital. Tampoco era raro vernos fotocopiando un libro, menos aún llenar 2 mesas de algún restaurante y en épocas de feria, caminar por entre la gente divertidos.
Pronto surgieron breves rencillas, algunos malos entendidos, pero nunca dejamos de querernos como aprendimos a querernos, de tal forma que hoy en día seguimos compartiendo momentos tristes y muchos alegres y por el camino que hemos recorrido; me atrevo a escribir esta corta historia.
Pero que sería una historia, si no hablara de sus protagonistas Y es que aprendí a conocer su esencia más pura, sus virtudes y sus puntos a reforzar, a la par que ellos me descubrían, me aceptaban y me iban haciendo parte del grupo. Es por ello que me tomo la libertad de presentarlos y mostrarles sus mejores virtudes.
Primero está Maritza, Maritza es el tipo de persona que se entrega, un alma linda y cariñosa, ella se da al mundo como quien lo considera una necesidad, un mundo en el que puede aportar lo mejor de si. Maritza es una persona que jamás te negaría un favor, no sabe guardar rencor, es la esencia del amor en acción.
Maristel siempre fue la pequeña del grupo, si pudiera describirla en sentido metafórico podría decirles que Maristel es un alma joven, con la inocencia y dulzura de un niño pero con la madurez suficiente como para vivir sola y no dejar que los conflictos de la vida perturben su alma, es sin duda, un ser que aún en el panorama más desolador, jamás te negaría su sonrisa.
Cuando pienso en Leidy sin dudar puedo compartirles que ella siempre fue la mujer más fuerte del grupo, siempre con un mar de sentimientos y pensamientos en su interior, pero siempre fuerte, nunca la vi llorar en grupo, nunca la vi caerse sin levantarse, es sin duda una mujer con mucha fuerza de voluntad y un ser alegre con ganas de disfrutar cada segundo de la vida.
Ellas tres y yo, sin ser conscientes, inclinábamos la balanza del grupo hacia lo femenino, hacia lo suave, con aroma dulce, puede que con pasos ligeros; pero con la presencia y la dignidad de la mujer que impresiona y deja huella.
Por otro lado, si he de hablar de los hombres, debo confesar primero que siempre fueron mi punto débil, mi talón de Aquiles, mi razón de reír todos los días y mis motivos de felicidad a donde quiera que nos dirigíamos; además de que siempre me cuidaron y sin decírmelo me hicieron sentir querida. Debo insistir en que puede ser solo una historia subjetiva, pero mis sentimientos no lo son y es así como siempre me hicieron sentir.
A mi amigo Jorge todo el mundo lo conocía como Aquino, aunque para nosotros siempre fue Coqui. Pues bien Coqui siempre fue alegre y divertido; Siempre con los comentarios más realistas y divertidos sobre cualquier cosa. Es la persona más consciente de la realidad que lo rodea, y siempre encuentra la manera de hacerte saber el camino por el que vas… Es además de carácter artístico, creativo y muy tranquilo.
Julio es sin dudar el más honesto de nosotros, jamás emitiría un juicio sobre algo que no pensara o sintiera, siempre con un aire intelectual a su alrededor. Puede que no te hiciera saber sus sentimientos, pero siempre fue capaz de hacerte sentir querido y protegido, quizás fuera esta su mayor virtud, esa capacidad de transmitirte seguridad y hacerte sentir a salvo de cualquier peligro.
Si he de empezar a platicarles sobre uno de los dos Ángeles que formaban el grupo, he de empezar por el Ángel del que una de nosotras se enamoró una vez. Pues bien, les diré entonces que siempre fue el más caballeroso de todos y he de compartirles que era capaz de cualquier cosa para que ninguna de nosotras pasara algún apuro. Era también de comentarios sarcásticos, pero divertidos. Le tengo un cariño muy especial, porque siempre me demostró que podía confiar en él y he de confesar que quizás sea la persona a la que más extraño.
Ricardo siempre caminaba con precaución, con cierto aire de timidez, pero era también la persona con las convicciones más fuertes, parecía siempre saber a donde quería llegar y también el camino que debía seguir. Siempre muy sincero y cariñoso. Si algo definía a mi amigo era su gusto por el futbol, parecía llevarlo en la sangre y muchas veces fuimos deleitados por su habilidad en el campo.
Podría definir a Eleazar fácilmente con una palabra: Romántico. Nunca vi sufrir a alguien tanto por amor, nunca vi a alguien expresar tantas palabras de amor como él y es que se le da naturalmente, es también un alma sensible, y muy amoroso, un amigo fiel y con miles de sueños por alcanzar.
Por último he de hablarles de Ángel; el Ángel que conocí una vez cuando tenía 7 años, es quizás la persona con mayor carisma que conozco, de alma artística, Dios le ha dado una voz privilegiada y la capacidad para proyectar sus emociones a través de la música, es también de mente abierta y con la habilidad de aprender siempre de los demás. De moral firme y carácter fuerte.
Esté fue un breve relato del mundo que compartimos, quizás para este momento ya sea tedioso continuar, pero hay tanto que contar, tantas anécdotas que compartir; tantas historias que se seguirán escribiendo, que me niego a terminarlo aquí. Lo que sí puedo asegurarles es que aún no hemos vivido el mayor temor, la mayor alegría, o la peor tristeza, ya que los designios del Señor son misteriosos y me niego a dar por terminada nuestra historia.
Es verdad cuando dicen que la voluntad de Dios es perfecta y con este breve relato puedo comprobarlo. Es por ello que lo finalizo agradeciéndole su infinita bondad y por el perfecto plan de vida que creo para nosotros; porque nos dio la oportunidad de conocernos y compartir la vida lo suficientemente intensa como para que nuestra amistad prevalezca por siempre en nuestros corazones.
Gracias Amigos, por su amor infinito, por estar presentes y por dejarme aprender algo nuevo cada día, gracias porque se hicieron presentes cuando más los necesité y porque han cambiado mi vida para siempre. Gracias por ser y estar, les deseo que sus sueños se hagan realidad y que la naturaleza cálida de su alma, caliente el corazón de la gente que los rodea, como lo hicieron con el mío, por el resto de sus vidas.