...Y entonces, me senté a esperar a que la vida pasara y descubrí que la felicidad es un momento que se come de a poquitos para ser disfrutado intensamente.
Y la miré pasar y descubrí que los momentos tristes son largos y pausados pero dejan grandes lecciones.
Y ya no tuve que decidir, porque si he de vivir, ha de ser así; entendiendo las reglas de la vida (después de todo el entendimiento, nada tiene que ver con la aceptación, esa llega lentamente... aveces, sin contemplación, ya estamos inmersos), esperando sus porqués con la conciencia de saber que quizás nunca lleguen, y de un momento a otro, otra vez todo nuevamente cambie; puede que con una sonrisa o con el llanto de un nuevo ser, para cada quien algo diferente, pero igual de intenso.
En resumen a esto me sabe la vida.
