lunes, 23 de octubre de 2023

A mi abuelo; o lo que quedó después del Otoño

De ti recibí los mejores consejos, ideas, conjeturas, hipótesis; me enseñaste que es digno quien trabaja; que hay que sentirse orgulloso de ser parte de esta familia; que podía tomar tu mano y aferrarme a ella. 

Pero te marchaste, y cada día que despierto en este mundo hostil, sabiendo que no estas en el, me duele mucho y no se si uno se puede recuperar de una pérdida tan dolorosa. ¿A caso tu lo lograste?  

No se compara el dolor de un adolescente con el del adulto que carga con el propio y el de su familia; esta colicion de tristeza, golpea a todos, pero a mi, amenaza con secarme, me duele, le duele; la vida misma duele.

Cuando uno es joven es más fácil recuperarse de estas pérdidas, por que nuestro mundo se limita a lo que percibimos (escuela, los amigos). Ciertamente cuando pasan los años, la vida se muestra más como ella misma es; trágica, caótica, dolorosa. La vida misma es, como un ser al qué le han arrancado la piel y se arrastra en el suelo.  

Te quiero, te extraño, me dejaste y ahora solo soy la hoja que queda en el árbol al final del otoño, pendiendo apenas de un hilo qué terminará por romperse.

Divergente

Hoy pasé por tu vida como un soplo del viento; como un murmullo del río, como el sol en el cielo. 
Un momento desesperado  de un árbol me colgó; y como loca me hizo correr, gritando tu nombre en el campo.


¡Turbador!, te pedí con esto a gritos en silencio; que tus ojos posaras sobre mí y que en tu rostro se dibujara aquella sonrisa que ahora me inspira a escribir.

Al Arrullo de la noche bailando pedí, 
que sus notas endulzaran tu vida y te trajeran a mi. Los grillos lloraban, las cigarras cantaban, yo suspiraba, y fuimos todos un solo lamento que a las almas asustaban. 

A media noche la luna se impuso ante mis ojos, inmensa, como recordando lo pequeña que soy para ti; de pronto gritando rogé: "¡Mal de mi corazón, tormento de mis lamentos, besa mis labios cual toque sutil,  ilumina mis días, mi cielo Gris!".

Pero al amanecer con los primero rayos de la mañana inicié el viaje de regreso a casa, corrí por por el campo, gritando tu nombre, trepé al árbol más alto para ver si me veías, si te veía, pero una vez más... 

Hoy pasé por tu vida como un soplo del viento; como un murmullo del río, como el sol en el cielo... Como si siempre, como si nada.