De ti recibí los mejores consejos, ideas, conjeturas, hipótesis; me enseñaste que es digno quien trabaja; que hay que sentirse orgulloso de ser parte de esta familia; que podía tomar tu mano y aferrarme a ella.
Pero te marchaste, y cada día que despierto en este mundo hostil, sabiendo que no estas en el, me duele mucho y no se si uno se puede recuperar de una pérdida tan dolorosa. ¿A caso tu lo lograste?
No se compara el dolor de un adolescente con el del adulto que carga con el propio y el de su familia; esta colicion de tristeza, golpea a todos, pero a mi, amenaza con secarme, me duele, le duele; la vida misma duele.
Cuando uno es joven es más fácil recuperarse de estas pérdidas, por que nuestro mundo se limita a lo que percibimos (escuela, los amigos). Ciertamente cuando pasan los años, la vida se muestra más como ella misma es; trágica, caótica, dolorosa. La vida misma es, como un ser al qué le han arrancado la piel y se arrastra en el suelo.
Te quiero, te extraño, me dejaste y ahora solo soy la hoja que queda en el árbol al final del otoño, pendiendo apenas de un hilo qué terminará por romperse.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario