Hoy pasé por tu vida como un soplo del viento; como un murmullo del río, como el sol en el cielo.
Un momento desesperado de un árbol me colgó; y como loca me hizo correr, gritando tu nombre en el campo.
¡Turbador!, te pedí con esto a gritos en silencio; que tus ojos posaras sobre mí y que en tu rostro se dibujara aquella sonrisa que ahora me inspira a escribir.
Al Arrullo de la noche bailando pedí,
que sus notas endulzaran tu vida y te trajeran a mi. Los grillos lloraban, las cigarras cantaban, yo suspiraba, y fuimos todos un solo lamento que a las almas asustaban.
A media noche la luna se impuso ante mis ojos, inmensa, como recordando lo pequeña que soy para ti; de pronto gritando rogé: "¡Mal de mi corazón, tormento de mis lamentos, besa mis labios cual toque sutil, ilumina mis días, mi cielo Gris!".
Pero al amanecer con los primero rayos de la mañana inicié el viaje de regreso a casa, corrí por por el campo, gritando tu nombre, trepé al árbol más alto para ver si me veías, si te veía, pero una vez más...
Hoy pasé por tu vida como un soplo del viento; como un murmullo del río, como el sol en el cielo... Como si siempre, como si nada.
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