Esta es la historia de Don Juanito, ¡Que intrépido que era Juanito!, siempre en la búsqueda de un "gran quizás", y vaya que lo buscó; del ártico al antártico, del oriente al poniente, ¡Que voluntad la de Juanito! De niño tuvo que aprender a arreglárselas solito; levantándose entre gritos y apurado para empezar a trabajar con la fuerza que su huesudo cuerpo le permitía. Más tarde al caer la noche, se iba a la cama vencido, con el anhelo de un mañana diferente. Nadie imaginaría que cuando nacieran los primeros vellos de su bigote; correría sin retorno lejos del hogar materno, con la ilusión de no escuchar el llanto de su mamaita de nuevo, corrió hasta que ya no pudo más, y cansado de la travesía encontró refugio entre las carpas de un circo.
Fue ahí, con el rostro cenizo y su ropa sucia, con el cuerpo adolorido y el estómago vacío, cuando comprendió que la vida era más que la triste historia conocida, fue ahí donde supo por primera vez; que su destino estaba en algún lugar esperándolo. Pensó que si trabajaba duro, si se valía por sí mismo; nunca volvería a escuchar gritos, nadie le alzaría la voz. Así que pasó de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, aprendiendo oficio tras oficio. ¡Ah que Don Juanito!, siempre tan luchón, siempre tan solito.
A mediana edad comprendió que pegar blocks se le daba bien, que era entre todos los jornaleros, el más abusado, así que de chalán, pronto empezó a mandar en las obras. Duro trabajaba Juanito; desde la salida del sol hasta que la sugerente luna se anunciaba en el cielo; como si el pasado se repitiera una y otra vez cíclicamente en una vida de esfuerzo, trabajo y cansancio. A veces cuando en la madrugada, el adolorido cuerpo le impedía dormir, dejaba que los sentimientos y los duros recuerdos rondaran su mente un momento; visualizando primeramente a su mamaita, recordaba sus ojos obscuros, su suave cabello y el cálido aroma de su abrazo.
En lo profundo de su corazón se la imaginaba feliz; jugando con las enaguas de su vestido, queriéndolo, como él la había querido, uniendo sus vidas en la distancia a través de la luna que los miraba a los dos… Hasta que un día se dio de bruces con Ramón, el hijo de doña María y le hizo saber que una inesperada colisión de vehículos había arrojado a su amada Angelita contra el duro piso de una calle bulliciosa y que en su último aliento, no estuvo sola; que el causante de las mancillas de su alma y ladrón de su felicidad, había estado ahí e irónicamente, no había sido quien apagara su llama interna. Está demás decir, que Juanito nunca volvería a ser el mismo, pues su motivo de felicidad, había marchado para siempre, y ahora formaba parte de las hermosas constelaciones que titilaban en el cielo.
Con el paso de los años, la herida seguía viva, pero aprendiendo a evadir la pérdida del único amor que conoció, siguió el camino. Más tarde, un poco cansado, sus viejos zapatos y la caprichosa vida, lo llevarían a una playa soleada, donde el viento soplaba cálido con hermosas mujeres de caderas anchas y piel morena. No sabemos que vio Juanito en esta cultura desconocida, pero seguramente pensó que era el lugar buscado. Y entre los frágiles brazos de una mujer costeña, sintió el primer llamado hacia lo que pretendía ser el “gran quizás”. Se permitió echar raíces; construyó el hogar que solo se había permitido soñar y tuvo tres hijos cariñosos, ¡que listos le salieron los hijos!, al menos eso decía la gente, tal vez porque no tenían más virtud, ¡Que atenta la esposa!, ¡Que buena mano para la crianza! Y así vio correr varios veranos, hasta que una tarde, cuando venía de un pueblo lejano, Don Juanito viró su volante hacia un destino desconocido. Nadie sabe si fue planificado o al azar; quizás lo había intentado otras veces sin atreverse a marchar, quizás porque había terminado su misión ahí, o tal vez porque en la soledad del viaje, había permitido que su amargo pasado, el estómago vacío, y las trivialidades de su vida, resurgieran el deseo de retomar la andanza y encontrar el “gran quizás”.
Ese día en que la locura le ganó a la razón, Juanito dejó de ser ejemplar; el de los hijos listos, el esposo ideal, desde ese momento el gentío de la comunidad lo apodó: "El loco Juan". Al principio fue motivo de largas historias, más adelante de chismes vagos y en los últimos días, la gran historia no era más que una leyenda que perdía fuerza en la memoria de la gente que lo conoció. No sabemos más de lo ocurrido con "El Loco Juan", pareciera que su figura se hubiera desvanecido en el viento, pero ahí, a donde quiera que sus pasos lo hubieran llevado, esperamos que el Omnipotente lo guiara siempre hacia su misión de vida, su "gran quizás", porque puede que entre tanto conflicto existencial "Juanito" o "El Loco juan" hubiera perdido la brújula de la felicidad.

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