jueves, 13 de noviembre de 2014

A Ella

Hoy pasé por el sendero que fue testigo de nuestra pasión, y a lo lejos, te vi sujetar su mano, susurrarle al oído, besar sus labios... Vi como sus tiernas mejillas se enrojecieron azoradas, e inmediatamente lo supe; que era tuya y tú de ella.

Pensar que ese toque sutil, esos labios suaves y esos versos de amor fueron míos, me entristece, me atormenta y me arrastra por un camino desierto; al vacío que se ha vuelto mi vida tras tu partida. Se bien que te amé, que me amaste y por la forma en que me evades no te hablaré a ti, ya no; le hablaré a ella.

A ella que nos roba el sueño de una vida juntos, que conoce el sabor de tus labios. A ella que ahora posee un lugar en tu corazón; a lado de nuestra triste historia, frente a nuestros recuerdos, tras tus dulces palabras y la sombra del ardid que compartimos.

Ansío darle razones, darle motivos para que no te aparte de mi, mentirle; decirle que no ha existido un amor como el que vivimos, no hay tal pasión compartida en la historia. Porque no siempre dos almas se unen en el infinito para encontrarse en la tierra y ser correspondidas.

Lo cierto es que nunca te vi así... A ella que te inspira a soñar, le digo que nunca te vi tan feliz; sonreirle a la vida con devoción, con calidez. Nunca tu obscura mirada tocó mis ojos claros, para fundirse como lo hicieron con los de ella, en esa tarde en que furtivamente los miré.

A ella le digo, entre sollozos y los pedazos de mi corazón herido, que he renunciado a ti; porque este es el comportamiento de una mujer que ama, una mujer que empezó a vibrar cuando te vió sonreirle, cuando te vió feliz... He renunciado a ti porque así debe ser cuando se ama desmedidamente; con locura, sin lógica, sin razón... He renunciado a ti porque te amo.






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