Ocho (8) es el símbolo del infinito; un ciclo que comienza, termina y vuelve a empezar; es también la fórmula de la vida, nuestro ADN.
Para compreneder este enigma debo remontarme 8 años atrás cuando ella nació. Cuando nadie sabía que su existencia desencadenaria una serie de eventos sucesivos, sin aparente relación, pero que trasarian una línea perfecta que nos marcaria para siempre.Maia conoció nuestro mundo una mañana fresca y ligera; pequeña, frágil y única la amamos desde el primer momento; nos robó el corazón y pocos días después en una mañana de marzo, se los llevó para siempre.
Entiendo que la naturaleza de la vida es a veces incomprensible, pero nos brinda la oportunidad a través del tiempo de encajar las piezas del rompecabezas. 8 años después en este mes de marzo que inicia; continuo trazando la línea infinita que se empezó a trazar con su nacimiento; una nueva etapa en mi vida que no pretendo dedicársela a nadie más, solo a ella; como un obsequio de navidad que nunca pude regalarle, o todos los besos que me hicieron falta darle. Les aseguro que nunca serán suficientes los días que la tuvimos con nosotros pero en esa travesía nos cambió la vida para siempre.
Ahora es mi mayor deseo que su paso por este mundo cobre sentido no solo en la vida de mi familia si no que trascienda llenado de amor, esperanza y consuelo a nuevos bebés y sus familias. A ti mi preciosa te agradezco, esta eureka, este pequeño caos, la hipótesis revelada, nuestro pequeño infinito... Ocho (8) también son los años que pasaron para que yo comprendiera que a veces los caminos de Dios no son misteriosos sino perfectos.


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