domingo, 4 de enero de 2026

Marlen

Marlen:


Amiga mía, hoy quiero que seamos cómplices, como dos niñas que tocan el timbre en una casa y salen corriendo, antes de que las descubran. Así hoy quiero compartirte un secreto, decirte algo que poco a poco he ido observando y que creo por fin haber descubierto. La verdad no sé si es prudente confesarlo aquí, pues pretendía guardarlo con candado y caja fuerte. Pero es tan hermoso que siento que todos tienen derecho a saberlo y verte como yo te veo; por lo que volviendo a la premisa inicial…


Marlen: creo haber descubierto el mayor de tus tesoros; y quiero confesártelo con elocuencia y la mayor sinceridad que me sea posible. Porque se trata de un aspecto de tu ser dispuesto detrás de tu hermoso cabello largo, de tus dientes blancos perfectos y tus pómulos rosados…


Quiero decirte que al fin he descubierto “la casita de algodón” que has construido ahí dentro; llena de amor entre nubes suaves; amo como suena “la tornamesa”, que hace girar ese disco de “rock clásico” que llena de energía tus días; ahora entiendo porque cuando Marlen sonríe, lo hacemos todos. 

Hay calma detrás de esos ojos claros, hay pasión que se desborda por los poros de tu piel; hueles a miel, a azúcar, a galletas de canela recién horneadas, y como ellas arropas el alma. 


Deseo tanto amor para ti, tanta calma en este mundo de murmullos incesantes, que terminan por cegarnos y confundirnos siempre. 

Te parece bien si mientras llega ese momento, ¿Lo esperamos juntas?, Tú y yo, una a lado de la otra, viendo lo inmenso que es el mar, tanto como la fuerza de nuestros corazones, tan basto como para sortear lo que Dios nos disponga…


Te quiero, bonita señorita, y te espero en mi banca cuando empiece el recreo, ahí siempre hay un lugar para ti…


Con amor yo… y todo lo que necesites que sea para ti…


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