La casa de mi abuelo brilla.
Tiene paredes altas con cuadros y retratos;
con muebles suaves, que me confortan.
La casa de mi abuelo es linda y vibra.
Está llena de luz, colores y emociones.
En ella yo siento que estoy en casa.
La casa de mi abuelo tiene un reloj antiguo es de cuerda, color café. Y da campanadas a las doce, y a media noche también.
Tiene un cuarto grande con gorras en la pared, y un librero con seguro. Antes había un tocadiscos pero ya no. Porque este cuarto ya no se abre.
La casa de mi abuelo está quieta, en cambio yo, una vorágine. Y el reloj antiguo se quedó sin cuerda, pero es linda la casa de mi abuelo.
La casa de mi abuelo huele a él;
a puros viejos de Cuba, pasitas con chocolate, historias del viejo oeste, estofado de pollo y pan de cazón. Después de todo, también a mi abuela.
La casa de mi abuelo esta quieta, y todo sigue ahi, excepto el tocadiscos. La casa de mi abuelo huele a él, sobretodo su cuarto; es que ya no se abre... lo cerraron en otoño.
La casa de mi abuelo vibra, pero ya no me calma, me inquieta; ¡y soy una vorágine, porque el reloj se quedó sin cuerda!
La casa sigue intacta; ¡huele, brilla, siente! pero él ya no está y las campanadas... ya no se escuchan.
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