jueves, 17 de diciembre de 2020

Canto a la Libertad

Sentada en un punto de la montaña, donde los rayos del sol cosquillean mi rostro, por lejos que estemos tu y yo. Puedo desprenderme de este momento; y viajar ahí junto a ti.

Tu mirada fija al frente, me hace saber que quizás me esperas, tocas mis ojos con tu vista y nos encontramos en el camino; nuestras manos se necesitan, se abrazan una a la otra.

Ya puedo percibir tu calor, de pronto me siento fuerte, se que puedo seguir adelante porque estás junto a mi.

Una avalancha de emociones me recuerda que sigo viva, que no es un sueño, que otra vez estás conmigo. Siento que me odio; si tan solo pudiera escuchar tus pasos  en la habitación de a lado, o mirar la silueta que dejas en la cama por la mañana.

A veces me preguntó si puedo seguir siendo fuerte. Pero no no me acostumbro a tu ausencia. Necesito depresderme de ti, de esa forma  cruel de hacer el amor, que ya no tiene cabida.

No hay misericordia a este corazón que te ha amado tanto, no hay pasión correspondida, tan solo el silencio. Aprovecharé esta intimidad, para decirte adiós. Adiós a la hoguera de un amor que no quema. A la idea genuina de que me amas. 

Te dejo mi amor que siempre será tuyo, tómalo ahora porque está muriendo; se muere un poco cada vez que te espera y no llegas; un poco más cuando grita tu auxilio y el silencio se impone. Adiós al tedio de mis afecciones, a lo aburrido de mi mundo y mis ideas que no entiendes.

Permaneces tan quieto, ansío acariciar ese altivo rostro tuyo. Tu mutismo me estremese, tan intenso que ensordece. En silencio también te dejo; necesito desprenderme de ti, del amor que ha decidido marcharse, de la vida que se fue.

Otra vez los rayos del sol juegan con mi nariz, el viento de la montaña mueve mi cabello y revolotea los holanes de mi vestido; a lo lejos un pajarillo emprende el vuelo al horizonte, ¡que ligereza en su vuelo! Me regaló este momento de libertad, de amor propio, y de felicidad.

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